viernes, 7 de abril de 2023

EL ARTE EN LA CRUCIFIXIÓN

Burla, veneración, sátira, abstracción...

 

Por Manuel Enríquez

 

Cada vez son menos los seres humanos que destinan tiempo para reflexionar sobre lo que representa, desde entonces y hasta la fecha, la vida de Jesús en la tierra. Ni siquiera en “semana santa” lo hacemos.

El martirio de Cristo, y en especial cuando lo clavan y muere en la Cruz, resulta ser uno de los acontecimientos más dolorosos, impactantes y dramáticos de la historia de la humanidad. Pero además, muy probablemente sea el que mayor impacto ha tenido en el pensamiento, en la conducta y organización social

En estas fechas de “semana santa” mucha gente dedica su tiempo, casi por completo, al consumismo, a beber, al derroche, a la gula, incluso al desenfreno en cuerpo y alma, al fin de cuentas son vacaciones...,vacaciones, punto, nada más.

Pero representa una fecha histórica llena de simbolismo religioso, filosófico y hasta ideológico: fue imposición, fue sistema político, es credo, es “utopía”, es esperanza, es redención con el martirio de una persona que sacrifica su cuerpo y alma.

El viacrusis, y en especial la crucifixión, han sido y son fuente de inspiración para escritores, escultores, pintores, arquitectos, sacerdotes, y personas en general.

Comenzó a representarse cuando ese método de castigo dejó de predominar en la memoria colectiva como castigo para gente mala; es así como los artistas comenzaron a trabajar en representarla de distintos modos.

EL ARTE EN LA CRUZ

No obstante que no tiene nada de artístico, se registra un dibujo burdo encontrado en el siglo III d.C. : en un grafito cerca del Monte de Palatino en Roma, a modo de burla, aparece un asno en la Cruz. Hay dos versiones: fue hecho como burla a la fe cristiana o es simplemente una representación de cómo a los malechores castigados en la Cruz les colocaban también una máscara de animal.

El asno en la cruz

En la edad media, Cristo ya era representado en la Cruz, vivo o muerto, pero siempre con un gesto sereno. Siempre estuvo sereno hasta el día de su muerte. Hasta la fecha lo representan así (lo que contradice la teoría del filósofo Kierkergaard, quién afirma que los seres humanos estamos “condenados” a la angustia desde el momento -pecado original- en qué tenemos libre albedrío. Cristo ejerció a plenitud la libertad que tuvo de escoger su camino y, no obstante, nunca estuvo angustiado).

Es hasta el Trecento en Italia, con Giotto, el pre renacentista más influyente, cuando las proporciones y la geometría arquitectónica, comienzan a predominar en la veneración a Cristo. Y se incluyen además en la crucifixión escenografías espectaculares y muchos personajes en el entorno.

Giotto

Casi todos los grandes pintores representan a Jesucristo en la Cruz (Rafael, Da Vinci, Miguel Ángel). Uno de los más espectaculares es el de Velázquez que está en el Museo del Prado.

Cristo de Velázquez


Otras grandes representaciones las tenemos en el Arte Moderno, con Picasso, por ejemplo.

Cristo de Picasso



Y no se puede pasar por alto al gran maestro de la pintura mexicana Rufino Tamayo, quien también hizo a Jesucristo en la Cruz de una manera no sólo sublime sino también sin dejar pasar la visión prehispánica en la religión que vino a imponerse con violencia. Su Cristo en la Cruz revela en la mirada fija una simbiosis oculta de dos mundos, como característica del arte mesoamericano al igual que el trazo que de alguna manera invoca igualmente a esa civilización milenaria de nuestro México. Recordemos que Tamayo traía una gran influencia europea en su estilo y que dejó entrever en sus obras sin perder la identidad mexicana. Esto no se lo perdonaron Orozco, Siqueiros ni Diego Rivera.

Cristo de Rufino


Naturalmente el surrealismo no quedó exento de representarlo. Salvador Dalí traza la perspectiva desde las alturas como si fuera Dios quien lo mira justo en el momento del martirio colgado, aunque el artista aclara que su intención sólo fue destacar la “belleza” de Jesucristo.

Cristo de Dalí


De modo que hasta la fecha la crucifixión ha sido, es y seguirá representándose de maneras distintas y casi impredecibles como, por ejemplo, la vinculación de los campos de colores de Rothko, en especial el número 5 con la crucifixión de Giotto. O la famosa capilla del artista estadunidense que mandó a construir en Houston: una capilla austera, neutral, 100 por ciento espiritual, casi casi en abstracto y muy imaginativa, dónde plantea una experiencia íntima de conexión con el creador y el universo.

Como dice Umberto Eco en su “Historia de la Belleza” sobre el arte abstracto:

“Rebelándose contra la dependencia tanto de la naturaleza como de la vida cotidiana, el arte abstracto nos ha propuesto formas puras..., en contra de la sensibilidad común, en contra de la idea que el hombre corriente tiene de la belleza” (Lumen, p. 417,décima edición, impreso en Croacia por Balcón S.R.L.)

Campo rojo


Capilla Rothko



Entre otras muchas grandes obras inspiradas en el cristianismo, destaca la interpretación contemporánea conceptual que hace Bansky de la crucifixión, dirigida cómo aguda critica al consumismo y a la banalidad salvaje de la sociedad actual.

Cristo de Bansky



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