miércoles, 4 de noviembre de 2015

REDES: Por Raymundo León Verde

  • Violencia a la baja en La Paz
  • “Sólo” fueron dos en octubre
  • Erasmo Palemón, de la PGR a la PGJE

Las estadísticas son frías, los números hablan más que los discursos y en ese tenor es evidente que las ejecuciones en el municipio de La Paz disminuyeron a uno de sus niveles más bajos desde que se desató la ola de violencia el 31 de julio del año pasado.

Dos ejecuciones en octubre parecen pocas comparadas con las trece que se registraron en el mismo mes del año pasado o con las 183 ocurridas en los 14 meses anteriores, según las cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública.

Y así como sorprendió la escalada de violencia en la capital del estado por una supuesta guerra por la plaza entre células criminales, sorprende esta disminución, sobre todo si se mantiene la tendencia a la baja ¿qué fue lo que pasó?

Sin caer en el terreno de las especulaciones, lo cierto es que la estrategia implementada por el nuevo gobierno encabezado por Carlos Mendoza Davis parece estar funcionando bajo el esquema de una verdadera coordinación interinstitucional entre las corporaciones policiacas de los tres niveles de gobierno con el apoyo de las fuerzas armadas.

¿Por qué esa coordinación no funcionó antes o no dio los resultados que ahora se palpan? Lo desconozco y aventurar una hipótesis sería irrelevante.

Lo que todos observamos es que en lo que va de la nueva administración estatal se detuvo a una escurridiza sicaria, cabecilla de una de las células criminales más sanguinarias, se trajo un procurador general de justicia del estado de fuera, se equiparon las corporaciones policiacas, se cambió de titular en la delegación de la PGR, y ha habido presencia de funcionarios federales de seguridad en el estado, así como del secretario de la Defensa Nacional, Salvador Cienfuegos.

Llama la atención lo del procurador general de Justicia del Estado, porque se modificó la ley para hacer una designación directa y poderlo traer de fuera.

Así las cosas, el elegido fue el hidalguense Erasmo Palemón Alamilla, que si bien se ha destacado como académico y escritor, no desmerece en su experiencia como funcionario de la Procuraduría General de la República.

Sus antecedentes como agente del ministerio público federal en los estados de Sonora, Tlaxcala y Tamaulipas, subdelegado de la PGR en Morelos, Nayarit y Sinaloa, coordinador de asesores del subprocurador de procedimientos penales A de la PGR, delegado de la PGR en Aguascalientes, fiscal adscrito a la unidad especializada en investigación de delitos contra la salud de la SIEDO, fiscal adscrito a la unidad especializada en investigación de operaciones con recursos de procedencia ilícita y falsificación y alteración de moneda de la SIEDO y comisionado al área de investigación de delitos de tortura nos hablan de su experiencia en el combate del crimen organizado y de que su llegada al estado no es una ocurrencia, es algo muy planeado, dadas las causas del brote de violencia en el municipio de La Paz.

Y aunque el propio procurador diga que cada quien deben actuar con responsabilidad en su ámbito de competencia, entre la PGJE y la PGR, es de suponer que proveniente de las filas de esta última conoce el entramado y la forma de operar de este tipo de criminales, así como los procedimientos que se deben seguir para ponerlos a disposición de las autoridades federales.

También ha despertado comentarios su forma de trabajar al interior de la PGJE, dando clases a agentes del ministerio público, policías ministeriales y peritos, para reeducarlos, sobre todo en el nuevo sistema de justicia penal, pero también para conocerlos cara a cara en poco tiempo.

Pero como ya vimos, Palemón Alamilla es más que un maestro de escuela como lo han querido dibujar sus críticos. Su estrategia para interiorizarse con el personal con que cuenta aunque sui generis me parece efectiva. Su llegada a la PGJE coincide con la reducción de los homicidios de alto impacto, pero él mismo no se adjudica el mérito, hace hincapié en la coordinación interinstitucional y la preocupación del gobernador de dar seguridad a la población con la reunión periódica de las autoridades policiacas y de las fuerzas armadas para intercambiar información y puntos de vista.

Y al igual que lo de Palemón, en esta lucha contra la delincuencia organizada, la violencia y el establecimiento de un nuevo sistema de justicia penal, llama la atención el viaje que hizo Mendoza Davis a Washington D.C., para entrevistarse con autoridades del Departamento de Estado del gobierno de Estados Unidos, con quienes dialogó sobre temas de cooperación y asistencia técnica internacional que pueden ponerse en marcha en Baja California Sur a fin de fortalecer las instituciones encargadas de seguridad pública y la procuración de justicia.

A reserva de otros ingredientes, estos son los que saltan a la vista para explicar la disminución de las ejecuciones en el municipio de La Paz, un lugar donde una vez se quemó un enterró una aeronave, luego de descargarla de toneladas de cocaína; donde descansaban o vivían “apasiblemente” sicarios y cabecillas del narcotráfico; y donde las ejecuciones se contaban con los dedos de la mano, hasta que un día, el fatídico 31 de julio del 2014, detonó la violencia como jamás se había visto.

Hoy vemos con mesurado optimismo el posible final de la pesadilla, lo que resulta necesario para que la paz y la seguridad regresen a la capital de Baja California Sur, a fin de que haga honor a su nombre y eso permita potenciarla como un lugar seguro para atraer inversiones y generar empleos y con ello evitar que los criminales tengan la carne de cañón que necesitan para envenenar a la sociedad.

Sus comentarios a raymundoleon2004@yahoo.com.mx

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