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| Enrique Peña Nieto, presidente de México, acusado de plagio de su tesis de licenciatura |
Por M.C. José Isidoro Peredo
A lo largo del tiempo las universidades
han ido perfeccionando sus métodos y sistemas de enseñanza aprendizaje e
investigación y esto viene a colación porque, en el prestigio de la educación
superior se ha buscado y se busca que el conocimiento sea apegado a la verdad.
Hay en la historia eventos que rayan en la incredulidad e incluso en el
chascarrillo, pero que en su momento fueron tomados con toda la seriedad del mundo,
así tenemos el caso del supuesto eslabón perdido de la humanidad, cuando un
grupo de paleontólogos ingleses en 1912 descubrieron restos fósiles de
homínidos que al ser analizados tenían todas las características necesarias
para ser descritos y clasificados como
el famoso eslabón y al cual pusieron el nombre de “hombre de Piltdown”.
Ese gran descubrimiento habría dado lugar
a la evidencia más importante del origen del hombre moderno, se descubría así
la cadena evolutiva que nos conectaba con nuestros ancestros antropoides,
entonces se publicó a nivel mundial que Darwin tenía razón: El hombre
“desciende del mono”.
Sin embargo algunos escépticos dedicaron años
de investigación para comprobar o
demostrar que había algún error en dichas afirmaciones, no fue sino hasta 1953
que el odontólogo A. T. Marston estaba ante un rompecabezas construido a base
de piezas de diferentes especies, el cráneo de un orangután, el cráneo superior
de un humano moderno y los dientes de un mono, al paso del tiempo habría de descubrirse
el fraude construido por un grupo de “científicos” que sólo buscaban fama y
prestigio.
Es a partir de entonces cuando las
universidades inician un riguroso proceso para evaluar al conocimiento científico, de ahí nacen las
asociaciones científicas, los congresos y revistas, dentro de los protocolos se
establecen la revisión de los trabajos a través de comités de expertos
reconocidos, la aprobación de artículos científicos se da después de una
rigurosa revisión de los mismos, esto por supuesto conlleva en el tiempo a la
revisión de los trabajos de tesis que se establecen como una investigación
original necesaria para que el profesionista en ciernes demuestre estar
capacitado académicamente para realizar un trabajo de investigación original.
En cualquier universidad del mundo desde
ese entonces se busca evitar el fraude, la copia, el plagio, por ello y para
ello se establecen sinodales que antes del examen profesional revisan minuciosamente
el proyecto del estudiante, se reúnen con él para orientarlo, escuchar sus
puntos de vista, cuestionarlo y una vez aceptado que el trabajo cumple con
todos los requisitos de originalidad, calidad y presentación, lo aprueban para ser defendido por tres o más sinodales
incluido el director de la tesis, quien es el principal responsable de que esta
sea original, y que cómo se espera en ella se cuente con una amplia referencia
de estudios, trabajos, tesis y documentos de calidad que incluyan como antecedentes
de la tesis a defender.
Sin embargo se pide dentro del rigor
académico que cada trabajo consultado que se incluya en el texto de la misma
debe de ir claramente acotado quien es el autor o la fuente consultada, de no
ser así se sobre entiende que lo escrito es original sólo del tesista. Para
evitar el plagio de cualquier índole son los sinodales el principal filtro de
información incluida en la tesis.
En caso de que se demuestre que hubo
plagio en algún trabajo de investigación, quedan en entre dicho la institución,
los sinodales y por supuesto el tesista, si el fraude del hombre de Pildawn se
reconoció después de más de 40 años ¿acaso no puede la universidad Panamericana
reconocer un plagio académico en su institución?






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