lunes, 12 de septiembre de 2016

Del Hombre de Pildawn a la Universidad Panamericana

Enrique Peña Nieto, presidente de México, acusado de plagio de su tesis de licenciatura
Por M.C. José Isidoro Peredo

A lo largo del tiempo las universidades han ido perfeccionando sus métodos y sistemas de enseñanza aprendizaje e investigación y esto viene a colación porque, en el prestigio de la educación superior se ha buscado y se busca que el conocimiento sea apegado a la verdad.
Hay en la historia eventos que rayan  en la incredulidad e incluso en el chascarrillo, pero que en su momento fueron tomados con toda la seriedad del mundo, así tenemos el caso del supuesto eslabón perdido de la humanidad, cuando un grupo de paleontólogos ingleses en 1912 descubrieron restos fósiles de homínidos que al ser analizados tenían todas las características necesarias para ser descritos y clasificados  como el famoso eslabón y al cual pusieron el nombre de “hombre de Piltdown”.
Ese gran descubrimiento habría dado lugar a la evidencia más importante del origen del hombre moderno, se descubría así la cadena evolutiva que nos conectaba con nuestros ancestros antropoides, entonces se publicó a nivel mundial que Darwin tenía razón: El hombre “desciende del mono”.
Sin embargo algunos escépticos dedicaron años de investigación para comprobar  o demostrar que había algún error en dichas afirmaciones, no fue sino hasta 1953 que el odontólogo A. T. Marston estaba ante un rompecabezas construido a base de piezas de diferentes especies, el cráneo de un orangután, el cráneo superior de un humano moderno y los dientes de un mono, al paso del tiempo habría de descubrirse el fraude construido por un grupo de “científicos” que sólo buscaban fama y prestigio.
Es a partir de entonces cuando las universidades inician un riguroso proceso para evaluar  al conocimiento científico, de ahí nacen las asociaciones científicas, los congresos y revistas, dentro de los protocolos se establecen la revisión de los trabajos a través de comités de expertos reconocidos, la aprobación de artículos científicos se da después de una rigurosa revisión de los mismos, esto por supuesto conlleva en el tiempo a la revisión de los trabajos de tesis que se establecen como una investigación original necesaria para que el profesionista en ciernes demuestre estar capacitado académicamente para realizar un trabajo de investigación original.
En cualquier universidad del mundo desde ese entonces se busca evitar el fraude, la copia, el plagio, por ello y para ello se establecen sinodales que antes del examen profesional revisan minuciosamente el proyecto del estudiante, se reúnen con él para orientarlo, escuchar sus puntos de vista, cuestionarlo y una vez aceptado que el trabajo cumple con todos los requisitos de originalidad, calidad y presentación, lo aprueban para  ser defendido por tres o más sinodales incluido el director de la tesis, quien es el principal responsable de que esta sea original, y que cómo se espera en ella se cuente con una amplia referencia de estudios, trabajos, tesis y documentos de calidad que incluyan como antecedentes de la tesis a defender.
Sin embargo se pide dentro del rigor académico que cada trabajo consultado que se incluya en el texto de la misma debe de ir claramente acotado quien es el autor o la fuente consultada, de no ser así se sobre entiende que lo escrito es original sólo del tesista. Para evitar el plagio de cualquier índole son los sinodales el principal filtro de información incluida en la tesis.

En caso de que se demuestre que hubo plagio en algún trabajo de investigación, quedan en entre dicho la institución, los sinodales y por supuesto el tesista, si el fraude del hombre de Pildawn se reconoció después de más de 40 años ¿acaso no puede la universidad Panamericana reconocer un plagio académico en su institución?

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