Por Raymundo León
Hoy me levanté con ganas de expresarme, siempre como periodista te detienes porque sabes que las palabras son poderosas y tienen un impacto para bien o para mal en el público y en particular sobre las personas físicas o morales que aludes en ocasiones.
Pero no, no voy a hablar de nadie en especial, esta vez solo quiero reflexionar un poco sobre la meritocracia, esa retórica alimentada en la familia, la escuela y los mayores cuando eres menor de edad, que te dicen estudia mucho, trabaja mucho, pórtate bien, cállate, no te metas en lo que no te incumbe, etcétera, es decir, una serie de comportamientos que varían a través de los tiempos y las culturas, porque a unos les importará que vayas a la iglesia cualquiera que esta sea y a otros no, que seas patriota o no, en fin, imposible darle gusto a todos.
El caso es que esos famosos méritos que tienes que hacer para lograr ser alguien en la vida están a discusión, simplemente porque no siempre al que estudia y trabaja más o sigue las reglas sociales impuestas, al pie de la letra, es al que mejor le va. He visto muchas personas que se levantan a las cuatro de la mañana, se van a trabajar todo el día, y ganan cualquier cosa. Piensen en un jornalero agrícola, por ejemplo, o un albañil. Trabajos dignos ambos porque son necesarios y muy útiles para la sociedad. Empleos muy “matados” dirían los jóvenes de mi generación, trabajas mucho y ganas poco. Una labor durísima con jornadas larguísimas que terminan por frustrar a este tipo de trabajadores, los cuales muchas veces se ven seducidos por el alcohol u otro tipo de drogas que los hacen escapar temporalmente de su realidad.
Pero lo mismo pasa en la burocracia, trabajar 30 años o más para lograr la ansiada jubilación que inexorablemente va a acompañada de la edad adulta o la vejez; además de pensiones insuficientes para vivir dignamente y la soledad y sensación de vacío que genera el interrumpir una rutina diaria.
En fin, podría dar muchos más ejemplos, pero el tema central es que los méritos no siempre van acompañados del éxito, de lo que quieres o aspiras. Más bien, diría que pueden darte una buena base, pero necesariamente eso debe estar acompañado por una circunstancia especial, que en gran medida es aleatoria. Sí, el estar en el lugar correcto en el momento correcto.
Hay gente que nace en “cuna de oro” y no batallará mucho para convertirse en heredero de una fortuna; otros que alcanzarán dinero, fama y poder gracias a su estudio, talento, inventiva y tenacidad; otros corrompiendo sus valores y su cuerpo; otros por sus habilidades en las relaciones públicas, unos más lo harán infringiendo la ley; y otros, la inmensa mayoría, que van a batallar de forma incansable y no lograrán sus objetivos, y en su interior pensarán que la vida es injusta, se darán cuenta que los méritos no bastan, que son parte fundamental del escalamiento social o personal, pero las circunstancias también son importantes. ¿Pero qué hace que esas circunstancias se les den a unas personas y a otras no? Eso posiblemente tiene que ver con un instinto que no a todos se nos da, estar en el lugar correcto, en el momento correcto, además de la voluntad y tenacidad de ser aquello que buscas.





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