Por Raymundo León
Hoy las redes sociales se han convertido en el eje central de la vida pública, porque aun y cuando mucha gente asegura que sus publicaciones son privadas o para un círculo cerrado de amigos, todo mundo sabe que al subir información al internet, cualquiera que sea el formato, imagen o texto, en ese momento pierde su privacidad, porque lo que se sube al ciber espacio ahí se queda, al menos esa es la versión que nos han vendido los que propietarios de las principales plataformas del mundo.
Las redes sociales como Facebook, You tube, Twitter, Instagram y Tik tok, entre otras, han ido ganando terreno desde su aparición y desplazando a los medios de comunicación convencionales en cuanto a la generación, manejo y destino de la información, para comenzar porque son canales globales que no están limitados ni por las fronteras ni por el idioma, porque hoy las redes ponen a disposición de los usuarios traductores instantáneos.
Hoy cualquier persona con un teléfono móvil o una computadora puede publicar o transmitir lo que sea sin mayor censura que la que establecen las propias plataformas de las redes sociales, con un aderezo que es fundamental en su éxito, la interacción con la fuente de información, es decir, a diferencia de la mayoría de los medios convencionales que se ven limitados por la información unilateral, las redes explotan la comunicación, el ir y venir de la información, y de repente vemos famosos enojados, respondiendo a usuarios reales o ficticios con nombres reales y personas reales, o anónimos con pseudónimos de escudos y hasta “bots”, es decir, programas diseñados con preguntas y respuestas predispuestos para alabar o atacar personas o temas.
Los medios de comunicación fueron rebasados fácilmente por esta globalización de las redes sociales, esta interacción permanente, sin horarios, con una generación de información inagotable y sin filtros, al menos no de los usuarios, si la hay después de publicada la información es por las plataformas.
Más aún, tanta información y tantas cualidades de las redes sociales tienen sus inconvenientes, y uno de las más importantes es que casi no tienen filtros y permea una gran cantidad de información falsa, trivial, morbosa, de entretenimiento, juegos interactivos, que han vuelto sobre todo a las nuevas generaciones adictivas a esta herramienta, tan útil como peligrosa, por los riesgos que implica la manipulación, la retórica, el adoctrinamiento y la ideologización con fines perversos de parte de quienes conocen el impacto que tienen los medios de comunicación y ahora, las redes sociales, pues muchos usuarios dan por cierto todo lo que aparece en el internet, en las redes, sin revisar la veracidad de la información, la credibilidad de la fuente informativa, eso que el periodismo puro en su mejor expresión cataloga como indispensable.
Es en este punto donde si bien es cierto las redes sociales son herramientas poderosas y han rebasado a los medios convencionales en su impacto, por su producción de información, cobertura global y filtros limitados, también lo es que no son sustitutos de los mismos porque en este periodo de adaptación, los medios se han complementado con sus propias plataformas, produciendo programas y noticieros exclusivos que se limita a los usuarios que quieren y pueden pagar por esta información.
No hace mucho veía una serie en Netflix, una plataforma de televisión de paga, por cierto, del surgimiento de Spotify y la forma como terminó negociando con las disqueras para evitar demandas multimillonarias por el uso de sus producciones discográficas, y la necesidad de establecer una renta a los usuarios Premium, para tener acceso libre, y obviamente generar ingresos para esas disqueras en principio sorprendidas por la aparición de una plataforma global e irreverente, una “rockola” global que pone a disposición de cualquier persona producciones musicales y ahora podcast y programas de radio de todo el mundo.
Más aún, hablando de periodismo y redes sociales, habrá que decir que estas tampoco lo sustituyen porque los usuarios de las redes que gustan de subir información y son una especie de reporteros aficionados, las más de las veces no tienen el soporte de la formación, ya sea académica o por experiencia, que deben tener los periodistas, que se entiende deben sujetarse una serie de principios antes de publicar cualquier información, comenzando con tener como eje central la veracidad de los hechos o los argumentos suficientes para soportar una información, en el caso de los columnistas, articulistas o comentaristas.
No hace mucho leía un libro editado en Estados Unidos, que decía que en el mundo actual, el buen periodismo y los periodistas no estaban predestinados a desaparecer, como algunos lo señalan, sino todo lo contrario, a servir como contraste ante la inmensa cantidad de información falsa, inútil, e intrascendente que agobia las redes sociales. Por lo tanto, hoy los periodistas, aquellos que hacen honor a esta noble profesión y se sujetan a los principios elementales del profesionalismo como se debe desarrollar esta actividad, tienen el enorme desafío, de adaptarse cada vez mejor a esta nueva y maravillosa ventana de oportunidad.





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