miércoles, 23 de septiembre de 2026

El huracán “Liza” arrebató la vida de miles de migrantes en La Paz, por vivir en medio del arroyo

 

Carlos Reyes, foto de Alberto Cota


La Paz, Baja California Sur.- Hace 50 años, el 30 de septiembre de 1976, el huracán “Liza”, de categoría cuatro en la escala de Saffir Simpson, pasó a unos 100 kilómetros de La Paz, pero eso bastó para provocar la muerte de siete mil o 10 mil personas, según el testimonio de Carlos Reyes, reportero gráfico que capturó imágenes que se publicaron en Excélsior y dieron la vuelta al mundo.

En entrevista exclusiva con El Sudcaliforniano, en su estudio fotográfico ubicado en la avenida Jalisco, entre Durango y Chiapas, a la orilla de la avalancha de agua y lodo que se formó aquella noche y que arrastró todo a su paso, dijo que como fuereño no sabía lo que era un huracán, pero lo conoció de la peor manera posible.

Originario de Guadalajara, Jalisco, con 89 años de edad actualmente, Carlos Reyes tenía 39 en 1976, trabajaba como fotógrafo independiente, y el día del huracán iba a bordo de su vehículo con su familia rumbo a Los Cabos, pero a la altura de El Triunfo lo paró en la carretera su compadre, que era superintendente de Telégrafos de México, quien le dijo que se regresara a La Paz porque venía un ciclón muy fuerte.

Al principio se negó y siguió su camino, pero al notar que conforme avanzaba el carro se movía mucho por el viento, dio la vuelta para resguardarse en su casa. Su esposa le dijo que dejara el carro sobre la avenida Jalisco, pero no lo hizo, prefirió estacionarlo a un lado sobre la Durango, que a la postre resultó una buena idea porque si no lo hubiera perdido con el arroyo.

Era tarde y la lluvia y el viento arreciaron, por lo que en su ignorancia de lo que eran los ciclones y al no tener luz agarró un aparato de petróleo y se puso a leer. Ya en la noche, a eso de las nueve o 10 comenzó a escuchar gritos y el ruido del agua que estuvo a punto de inundar su vivienda, a pesar de que estaba en alto, pero no sucedió porque colocó varios sacos de arena.

En su relato dijo que “por aquí pasaba la gente gritando, casas de madera completas flotando en medio de la calle Jalisco. Había un pick up blanco, grande, en la subidita de una casa aquí por la calle Jalisco, la corriente lo bajó, lo enderezó y lo fue a dejar en la rampa de una escuela”.

Recordó que en la colonia había un jardinero de nombre Domingo que les arreglaba los árboles, aunque no era muy activo porque cuando lo veían siempre estaba recargado en una pala, pero un día antes del ciclón se murió. Cuando lo estaban velando en su casita, se metió el agua, sacó el féretro y se lo llevó. A los tres días lo encontraron flotando en la Bahía de La Paz.

En otro episodio extraño en medio de la tragedia, la corriente arrebató dos niños a dos familias diferentes, ambas buscaban a hijos con la fortuna que se encontraron de frente y cada una había rescatado con vida al niño de la otra familia.

Carlos Reyes mencionó que de noche, con la fuerza de la corriente y sin electricidad poco o nada se podía hacer por las personas arrastradas por el agua. De hecho “Chemita” y otros periodistas de la colonia de Prensa y Radio, formaron una cadena humana y quisieron sacar gente del arroyo, pero la crecida casi se los lleva, por lo que dejaron de intentarlo.

Testimonio de lo ocurrido, dijo que “al otro día, en la mañana, encontré una desolación total, ya no había agua, ya no había nada, pero estaban los cadáveres atorados en los árboles, totalmente desnudos, porque la corriente de agua así es en esa situación”.

Aclaró que la mayoría de la gente que murió no era de La Paz, sino personas que venían a piscar algodón en el Valle de Santo Domingo, pero les gustaba la ciudad y empezaron a hacer sus casas de madera, incluso uno de ellos construyó una casa de material con una torrecita y una recámara arriba.

Antes de los efectos del ciclón Liza, los soldados quisieron desalojar a la gente, les dijeron esto no trae nunca agua, pero el día que la trae se lleva todo, pero la gente decía: “mire, ya tengo mi estufita de petróleo, ya tengo un mueblecito de sala, ya tengo una cocinita, tengo mi casa y todo ¿cómo creen que me voy a salir?”.

Carlos Reyes comentó que él acompañó a los soldados, pero las personas no quisieron salir y eso les costó la vida. Ni los que se refugiaron en la casa de material se salvaron, porque estaba en medio del arroyo y se sumió hasta adentro. Lo único que se veía después de la tragedia era una parte del segundo piso.

Por lo que vio y vivió en esos días, afirmó que muy poca gente de La Paz murió por el huracán Liza, uno de ellos fue un taxista que se espantó, salió de su casa y la corriente se lo llevó junto con su familia. Si se hubiera quedado en su domicilio no hubiera pasado eso.

“Luego también tuvieron que dinamitar un bordo que habían hecho y que con la poca lluvia que caía no era peligroso, pero empezó a llenarse de ramas, de basura, de esto y lo otro, y entonces el bordo se empezó a subir y el agua se empezó a acumular ahí y dijeron si no se dinamita en ese muro se va a llevar a toda La Paz, entonces fueron los soldados y dinamitaron, que es cuando se vino la avalancha de agua y mucha gente murió”.

Mencionó que atrás de la Catedral de La Paz hay un salón, donde acomodaron los cadáveres de hombres, mujeres, niñas y niños. Estaba lleno porque sacaban los cuerpos del arroyo, los subían a las camionetas y los dejaban ahí para que las personas que estaban buscando familiares los reconocieran, pero realmente fueron pocos los que pudieron identificar, y la mayoría fue a dar a una fosa común que está en el panteón de Los San Juanes.

Carlos Reyes recordó que al día siguiente de la tragedia, ya por la noche arribó el presidente Luis Echeverría a La Paz, pero como era de tipo comunista, rechazó la ayuda que Estados Unidos mandó como casas de campaña, toallas y muchas otras cosas que se quedaron en manos del presidente municipal de ese tiempo, “ese las agandalló y las vendió”.

Sobre las fotografías que tomó y publicó Excélsior, relató que pasada la noche, alrededor de las siete de la mañana salió de su casa y ya no había agua, mientras que varias cuadrillas de personas comenzaron a llegar a la zona para buscar gente y levantar los cadáveres.

Se desenterraban a pala y pico y los subían a los pickups. A un cuerpo solo se le veía la planta del pie en la superficie de la arena, quedó enterrado al revés, lo sacaron y los metieron a una camioneta, ¿quién era, quién sabe?

Los trabajos de levantamiento duraron alrededor de 10 días porque no todos estaban a flor de tierra y muchos posiblemente quedaron enterrados para siempre, y es que se trataba de gente de fuera del estado, familias enteras que nadie identificó ni reclamó.

Comentó que de las siete de la mañana hasta llegada la noche estuvo caminando para tomar fotos por su cuenta, fueron dos rollos de 36. Alguien del gobierno le dijo a la gente del Excélsior que trabajaba para ellos y que posiblemente tenía imágenes, por lo que se comunicaron con él y se pusieron de acuerdo para que enviara el material por medio de un avión de la fuerza aérea mexicana que había sido enviado con víveres.

En la ciudad de México ya estaban esperando las fotos, por lo que el periódico publicó tres planas de imágenes que le dieron la vuelta al mundo. Y es que desde la tarde del 30 de septiembre de 1976 se había ido la luz y dejaron de funcionar todos los medios de comunicación locales, la radio y la televisión estaban fuera del aire, y los periódicos tenían las rotativas paradas.

Aclaró que en realidad no trabajaba para el gobierno y jamás lo ha hecho, es periodista independiente y así se ha ganado la vida siempre. Después de la difusión de sus imágenes, personas de Estados Unidos y de otras partes del mundo llegaron a La Paz en busca de las exclusivas, fluyó más la ayuda, pero para Carlos Reyes, esta ciudad jamás vivió el duelo de ese acontecimiento, porque, insistió, la mayoría de la gente que murió no era de aquí y fuera de las zonas por donde pasó el arroyo, las actividades cotidianas se reanudaron al poco tiempo.

“La gente de La Paz no sufrió. Los que pasó es que se murieron los piscadores que llegaron de allá, de Ciudad Constitución, era pura gente de otros estados, de Zacatecas, de Chihuahua, de muchas partes”.

Apuntó que la gente que murió es la que estaba viviendo en el arroyo que pasaba por la calle Jalisco y que fue reencauzado a un lado de la colonia 8 de Octubre, donde ahora está el puente Mano Amiga. También tumbó algunas casas de la colonia Infonavit, donde estaba el aeródromo de la fuerza aérea. Es decir, era la orilla de la ciudad, hasta ahí llegaba en 1976. Todavía no estaba la UABCS y la presa Buena Mujer se construyó años después (entre 1983 y 1987), precisamente como una obra de contención de aguas arriba.



Fotos de Alberto Cota


Nota de El Sudcaliforniano 

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